Lourdes de la Villa Liso

Presentación

 

 

PRESENTACIÓN

Mis primeros pasos como artista visual comenzaron en el año 2000. A falta de experiencia, lo único que resultaba firme era una evidencia que se desprendía de mi actividad productiva: mi trabajo me forzaba a ver las cosas de forma poco familiar. Un desconocimiento que tenía que ver conmigo, porque era a mí a quien se le presentaba la realidad como lo hacía. Visto que el hecho de “hacer imágenes” acarreaba una transformación de orden perceptivo que me arrastraba, empecé a pensar sobre ello. Reflexionar sobre lo que ya lo es me proporcionó la ilusión de controlar algo de mi vida. Mi ilusión acabó tomando la forma de voluminosa tesis doctoral. Este estudio me permitió ir desde el funcionamiento de la obra de arte visual hacia el funcionamiento del cerebro para apreciar lo que sucede con la realidad y su presencia del siguiente modo: cuando vemos, también estamos haciendo una imagen. Solo que el soporte donde creamos su representación es la superficie física del mundo. Esto es de lo más extraordinario, porque esta imagen fluye como un río.

Puede decirse que esta apreciación es producto de una deformación profesional. Pero la ciencia de la visión también lo señala cuando dice que nuestro cerebro no distingue entre lo que ve y lo que recuerda. Viene a ser lo mismo con un razonamiento inverso; quiere decir que cuando acudimos a nuestro sentido visual como recurso intelectual, no estamos rompiendo el hecho fluido de nuestra visión. No se puede recuperar para la consciencia lo que nuestro sistema visual resuelve inconscientemente. Sí se puede dejar que algo mire a través de nosotros y regrese como un boomerang…mientras, nuestro cerebro actúa como la máquina de nuestro cuerpo. Es por ello que frente al lenguaje visual el artista se ve situado como un observador no involucrado con lo que ve. El observador, es el alma de la máquina. Es como el significado de nuestra vida; una entidad inmaterial.

Los artistas manipulamos el hecho fluido de nuestra visión sin cortarlo por ningún sitio, a pesar de que para ello lleguemos a hacer un importante estropicio. Es uno semejante al que hace nuestro cerebro con la imagen retiniana para devolvernos lo que vemos; los motivos son siempre cuestiones técnicas. En el caso de nuestras representaciones cerebrales, suscitadas por la necesidad de alojar al observador entre sus pliegues, hecho un ovillo como un niño en el útero de su madre. En el caso de nuestras representaciones del arte, suscitadas por la necesidad de dejar al observador libre por el mundo como una criatura salvaje capaz de volar, caminar, arrastrarse, nadar, hundirse en la tierra, adentrarse en la profundidad del mar…Produciendo arte visual sacamos a la luz lo que nos está alimentando psicológicamente. Vemos lo que nuestro cerebro no distingue dándole la forma de un relato que él puede leer como un animal agazapado en el cráneo, que por la imaginación dejamos libre. Esto no es una ilusión. Lo que vemos es un sueño, sí, pero un sueño que construye la realidad en la que nos desenvolvemos.

Mi producción se desarrolla desde esta idea acerca de mi trabajo, y por la posibilidad que me da el desarrollo del lenguaje artístico de atrapar algo acerca del lenguaje de nuestro sistema nervioso. Porque es en ese lenguaje que podríamos llamar de ficción por el hecho de suceder antes que nada en nuestra cabeza, donde se cimenta dicha construcción de la realidad.

 

 

 

 

 

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